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INFIERNO SOBRE RUEDAS: EL CAOS DE LA MOVILIDAD EN BARRANQUILLA

La imagen puede contener: automóvil y exteriorPor: Maximo Noriega R.

El carro se ha convertido en un falso símbolo de estatus social que origina problemas de movilidad, estrés y contaminación ambiental creciente en Barranquilla. Hay que cambiar el chip y entender que un carro no te hace mejor ciudadano. 

Hasta el 30 de junio de 2018, el parque automotor total en Barranquilla era de 181.502 vehículos, de los cuales 152.036 (el 83,7%) son de servicio particular. Según el DANE, josefina villarreal y Charlie Cordero

la población de Barranquilla (sin incluir el área metropolitana) es de 1.228.621 habitantes. Es decir, un cálculo no oficial indica que en la ciudad hay un carro particular por cada 8 habitantes, sin contar con los vehículos de placas foráneas y visitantes. Estas cifras demuestran que en Barranquilla, como en muchas otras partes del mundo, tener carro se convirtió en un falso símbolo de estatus social, pues se compran vehículos -preferiblemente automóviles y camionetas- como una manera de demostrar un “consumo ostentoso” alejado de una realidad económica y social distinta. El problema no es el padre de familia que con esfuerzo compra un carro en el que lleva a los hijos al colegio, a la esposa al trabajo y que durante todo el día es su herramienta para ganar el sustento, sino aquel que compra un carro sin necesitarlo y que lo parquea en la calle generando trancón porque ni siquiera tiene parqueadero. Ese comprador tiene, además, una odiosa característica: cree que él es el dueño absoluto de la calle, que los peatones, ciclistas y motociclistas son un estorbo, y con frecuencia desprecian también a la autoridad. La imagen puede contener: automóvil y exterior

Ese tipo de propietarios de vehículos suele culpar a los taxistas, por ejemplo, de todo lo malo que sucede en materia de movilidad, cuando la realidad es que el taxista es un trabajador que lucha cada día por sustentar a su familia, aunque haya casos aislados de algunos que entorpecen la movilidad. Contrario a lo que podría pensarse las motocicletas no son la mayoría, pues los datos de la misma Secretaría de Movilidad indican que en Barranquilla solo hay 32.496 motocicletas, contra 90 mil automóviles y más de 40 mil camionetas y camperos de servicio particular. ¿Son necesarios tantos carros? ¡No!. Usted párese en cualquier esquina de la ciudad y analice cuántas personas viajan en los carros de servicio particular que transitan por las calles; encontrará que la inmensa mayoría de los vehículos viajan solo con el conductor, pese a que tienen disponibles cuatro o seis puestos más que nadie usa.

La imagen puede contener: una o varias personas, multitud, moto y exterior

En cambio, un bus articulado del sistema de transporte masivo tiene capacidad para llevar 120 pasajeros y ocupa aproximadamente 14 metros de vía, y un tranvía en superficie como el de Medellín puede llevar 300 pasajeros en cada tren y mide 39 metros. ¿Cuántos metros de vía necesitan 300 carros particulares si en cada carro viaja solo el conductor? Haga las cuentas y entenderá por qué hay tanto trancón en Barranquilla. El fenómeno del aumento del parque automotor en Barranquilla ni es nuevo ni debe sorprendernos. En febrero de 2013, hace solo cinco años, en Barranquilla había 131.119 vehículos, lo que indica que entre ese año y junio de 2018 se registró un aumento del 38.42% en el número de vehículos en la ciudad. Lo peor, es que mientras no exista un cambio de mentalidad ese número seguirá creciendo exponencialmente. Las vías, por cierto, son básicamente las mismas, pero con cada vez más restricciones y más baja velocidad.

 ¿La Solución Son Más Vías?

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Contrario a lo que podría pensarse, hacer más vías no soluciona los problemas de tráfico, pues está demostrado que construir nuevas carreteras lo que hace es llenar de más carros esas vías en un mediano y largo plazo, en un fenómeno que los expertos han explicado como demanda inducida, pues en la medida en que exista más espacio de carreteras en las ciudades surge la “necesidad” de llenar con más carros ese nuevo espacio libre. Los profesores David Lewis y Martin Mogridge formularon y demostraron hace dos décadas la llamada “Posición Lewis-Mogridge” y podría explicarse con un ejemplo sencillo: aflojarte el cinturón no evitará que sigas engordando, sino todo lo contrario. Es decir, hacer nuevas vías en Barranquilla originará un aumento momentáneo de la velocidad del tráfico, pero al cabo de pocas semanas esas nuevas vías van a estar tan atascadas como las ya existentes.

El problema es cultural y tiene que ver también con la baja velocidad de las vías en Barranquilla, llenas de semáforos, sin pasos a desnivel, a un máximo de solo 30 kilómetros por hora y con cámaras a la caza de la más leve infracción sin que haya una verdadera cultura vial. Las de Barranquilla son vías antitécnicas propias de una ciudad que creció sin planeación, con intersecciones que obligan a detenerse en cada esquina, de muy baja velocidad y sin pasos peatonales ni ciclorutas. En barranquilla se paga una de las gasolinas más caras del país por los impuestos y sobretasas, pero esos recursos no se reflejan en vías modernas que eviten los trancones aumentando la velocidad, sino que terminan en poder de los contratistas de siempre quienes a través de concesiones o similares se dedican a dejar las cosas como están, porque el atraso es rentable para algunos pocos. Pero la culpa no es solo de quien compra carro, sino de una ciudad que no ha sido capaz de desarrollar un sistema de transporte público y masivo adecuados. Nadie se va a bajar de su carro para subirse a buses llenos e inseguros, ni a un Transmetro que no crece, con buses diesel tipo chimenea y estaciones ya casi tuguriales. Entregar a privados la construcción de un tranvía de superficie no solucionada de fondo la situación porque esa sería una herramienta no integrada con el resto del sistema, sino que más bien la empeorará a un costo económico enorme para la ciudad. Una medida urgente y muy útil sería aumentar la regulación en intersecciones conflictivas, que las autoridades de movilidad se enfoquen en hacer más ágil el tráfico y no que estén dedicadas a realizar retenes a ver a quién pescan. Solo con un sistema de transporte masivo considerado como un todo, con capacidad de expansión y adaptación, que excluya buses contaminantes y se pase a las energías limpias, que se conecte con un sistema de bicicletas públicas gratuitas, que se conecte tecnológicamente con paraderos seguros con biometría de reconocimiento facial y una red de paraderos inteligentes bajo el concepto de Smart City, se hará de Barranquilla una ciudad que entiende la movilidad como un sistema vascularizante. Eso sí, ningún esfuerzo será suficiente si no entendemos de una vez por todas que tener carro no nos hace mejores ciudadanos. Te invito a la reflexión. ¿No es más barato que te gastes cuatro mil y pico en Transmetro que todo lo que gastas en gasolina, solo para dejar el carro todo el día en un parqueadero mientras trabajas en la oficina? ¿Por qué no armas un combo y hacen una ruta para recoger y repartir a cuatro compañeros de trabajo en un solo carro? Si vendes el carro que casi no necesitas, a lo mejor ese dinero te sirve para comenzar el negocio de tu vida y haces de Barranquilla una mejor ciudad para la gente. Fotos de Internet.