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PDB, ALIANZA PÚBLICO – PRIVADA – COMUNIDAD

La Cosa Nostra

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Por Carlos Ramos Maldonado

 Buena onda la del alcalde Alejandro Char y del presidente del Concejo Juan C. Ospino de consensuar el Plan de Desarrollo de Barranquilla (PDB) con el sector privado y la comunidad, porque el cuatrienio del burgomaestre no puede estar guiado únicamente por lo consignado en su programada de gobierno, aprobado por una amplia mayoría de ciudadanos, sino también por los gremios económicos, cuyo accionar impacta el sector productivo, y por los líderes populares y organizaciones de base que intermedian entre la gestión pública y las necesidades de la sociedad, especialmente de la clase históricamente marginada.

 A esta articulación hay que añadirle muy puntualmente el aporte de la academia, porque desde las universidades se desarrollan foros que analizan la realidad social y de contexto, investigaciones que definen soluciones a problemas no resueltos, más prospectivas urbanas, y mecanismos de intervención social que facilitarían el accionar de los tres sectores que son agentes activos del devenir de la ciudad: el gobierno, los gremios privados y la comunidad.  Hasta ahora se han realizado varios Cabildos Abiertos en los que se han recogido inquietudes, entendiendo que unas son del resorte de un acuerdo orgánico, como lo es el Plan de Desarrollo, y otras corresponderían ya a la ejecución de los presupuestos, pero lo importante es que la gente diga cuáles son sus necesidades y a qué aspira en cuanto a la administración de alcalde Char, ya que lo que se consigne allí es de obligatoria revisión para los tecnócratas de Planeación y debe quedar acoplado a la carta de navegación de los próximos cuatro años. De ahí que temas específicos tratados en los Cabildos Abiertos, como la inseguridad, la educación de calidad y contexto, la movilidad, el espacio público, el desempleo, la transparencia administrativa, las estrategias de comunicación, los mecanismos de participación, la organización comunitaria y la vocación de la ciudad deben quedar consignados en el articulado del Plan para después desarrollarse mediante acuerdos, decretos y ejecuciones presupuestales.  Entendemos que el Plan de Desarrollo es el instrumento más importante de un gobierno para definir la gestión pública en los ejes básicos, como el institucional, el de infraestructura y el social, que permite propulsar el desarrollo tanto urbano como humano bajo las políticas y el estilo del gobernante de turno, pero que se debe socializar y sensibilizar, buscando participación ciudadana y consenso, de tal manera que la gente se sienta incluida no sólo en la discusión sino también en el texto, comprendiendo que aquí se habla de intenciones generales que deben aterrizarse cuando se estipule en cada vigencia fiscal.  En realidad el Plan de Desarrollo es el acto administrativo más importante de un período gubernamental, sea éste del orden nacional, departamental o distrital, para nuestro caso, y es de vital importancia que todos los ciudadanos participemos en su construcción, o por lo menos en su revisión, para saber qué va a pasar en la ciudad en el futuro inmediato y cuál es nuestro papel en ese proceso. Nadie debe estar o sentirse excluido de su discusión, ni los que apoyaron al alcalde, ni los que se opusieron a su candidatura, ni los independientes, ni los abstencionistas, ni los que pertenecen a la franja de no sabe no responde, porque de la acción u omisión del ciudadano depende la valoración de la gestión pública y el destino de la ciudad. Todo ello implica la participación ciudadana. De ahí que cayó bien una propuesta que hizo el joven abogado Ronald Ramos, entre muchas otras que se presentaron, en el Cabildo Abierto del barrio Simón Bolívar, para ser incluida en el Plan de Desarrollo: “Implementar, con el apoyo de la comunidad educativa y las organizaciones de base programas de formación en valores y competencias ciudadanas para la participación y el desarrollo comunitario con el fin de mejorar la seguridad, reducir la vulnerabilidad y generar un clima de sana convivencia”. Alejandro Char ha dicho en diferentes oportunidades que sus prioridades son la seguridad, la movilidad, el espacio público, la convivencia, la calidad educativa y alimentación infantil, la mejora integral de 40 mil viviendas, la recuperación del Centro y la recuperación paisajística del borde del río Magdalena. Si es así, volveremos a ganar la encuesta sobre el territorio más feliz dentro de un país que se jacta de ser el más feliz del mundo. Como que cogemos en serio el dicho “al mal tiempo, buena cara”.